Pensamos que unas fechas determinadas son para hacer un paréntesis obligado, y pensamos que es la única opción: o todo o nada…verdad?
Siento decirte, que no es así, si tu quieres, claro.
Llegan las Navidades y se nos acumulan los eventos, las quedadas con los amigos, comidas o cenas de empresa, reuniones familiares… y todo lo celebramos de la misma forma: comiendo y bebiendo. Y como las Navidades ocupan, por lo menos dos semanas (sin contar la previa y la de regalo después de Reyes), nos auto-convencemos de que es mejor posponer las ganas de cuidarnos hasta las 12 campanadas, o los regalos, o….
El problema es que llega el día 0 y vemos nuestro punto de partida, que no es ni más ni menos que todo lo que hemos ido acumulando de manera extra.
Pues ahí voy…
Por cada “día de fiesta” podemos excedernos el doble o triple de lo que realmente necesitamos, y esto tiene una repercusión: como nuestra maquinaria está acostumbrada a un ritmo y necesita cierta cantidad de combustible, el excedente se acumula y después solemos tener un par de días de rebote en los que el cuerpo acumula doble cantidad de agua, gases, deshechos y sensaciones… para trabajar.
No se trata de renunciar a la celebración ni mucho menos, pero sí de anticiparnos en la medida de lo posible a los días previos y posteriores para equilibrar un poco.
De qué forma? Pues haciendo más saludable las comidas principales como la del mediodía y cena, eligiendo alternativas mejores en almuerzo y merienda y claro está, recurrir al ejercicio físico, el cual nos ayudará a elevar el gasto calórico hasta 48 horas después del ejercicio.
Se trata de no renunciar a los buenos placeres de la vida, buena alimentación y ejercicio, sea cuando sea, pero es que en Navidades hay que ver y disfrutar de los que más queremos…lógicamente.