Los cambios posturales que sufre una mujer durante los meses de gestación son múltiples.

El crecimiento del bebé implica un incremento de la zona abdominal. Dicho aumento de volumen provoca una serie de adaptaciones para poder mantener la postura del cuerpo.

Estos cambios pueden resumirse en:

–     Crecimiento de la zona abdominal.

–     Alteración del centro de gravedad.

–     Lordosis aumentada de la curva lumbar.

–     Aumento de la cifosis dorsal.

–     Alteración del equilibrio.

–     Parte superior del tronco desplazada hacia posterior.

–     Aumento de la base de sustentación.

–     Aplanamiento del arco plantar.

Algunos de estos cambios son fisiológicos, otros sin embargo no deberíamos pasarlos por alto ya que, el mantenimiento de posturas incorrectas durante las 40 semanas de gestación pueden provocar consecuencias posteriores.

En este caso el trabajo más efectivo es dar importancia a la consciencia corporal.

En este pequeño blog os explicamos el trabajo que realizamos durante una sesión de 20 – 30 minutos donde recorrimos segmentos importantes del cuerpo: pies, rodillas, pelvis, hombros y cabeza.

Los cambios de la actitud postural de las mujeres cambió significativamente entre el comienzo y el final de la sesión. Alineando mucho más los segmentos corporales del cuerpo. Al termino de la clase eran las mujeres quienes controlaban su zona abdominal y no ésta la que ganaba la partida.

Los ejercicios fueron muy simples:

–     Colocar los dos pies paralelos entre ellos, separados a la anchura de las caderas.

–     Cambios de peso entre pie derecho e izquierdo y entre parte anterior y posterior del pie.

–     Intentar repartir el peso del cuerpo de manera equilibrada entre los pies.

–     Desbloqueo de rodillas. No llevarlas a extensión completa si no mantener siempre una ligera flexión.

–     Abrazar al bebé, llevando el pubis de manera sutil hacia la frente, la curva lumbar se dulcifica.

–     Hombros relajados, llevándolos hacia atrás y abajo.

–     Doble mentón (imaginamos que mantenemos una pelota pequeña entre la barbilla y el pecho) y autoelongación (creciendo de la coronilla al techo).

Terminamos con algunos estiramientos suaves y unos ejercicios de movilidad global.

Los cambios posteriores se reflejan en las imágenes tomadas a través de una plataforma de presiones. Dicha tecnología nos permite conocer la distribución  de presiones en diferentes zonas de la planta del pie y evaluar las posibles consecuencias de una distribución incorrecta.

En general vemos como las participantes al ser más conscientes de los puntos claves de la postura consiguen redistribuir de manera más optima el peso del cuerpo incluso mejorando la alineación de su pelvis. No podemos olvidar que un buen apoyo de los pies permite controlar los segmentos superiores del cuerpo haciendo que la postura general sea más adecuada (rodillas, pelvis, zona lumbar, dorsal y cervical) y por tanto, mejorando los posibles síntomas tan temidos durante la gestación como pueden ser: dolor en la articulación sacroiliaca, dolor lumbar, dolor dorsal…

No permitas que sea demasiado tarde!! 🙂